“Las Lulú de Pancho Gancho” es el único conjunto de cueca porteña formado por mujeres en Valparaíso y en octubre están de aniversario: diez años llenando de talento y feminidad los escenarios de la región.

Mirian Mondaca Herrera. – La Estrella de Valparaíso.

Lulus de PanchoGanchoEl viento de septiembre se está adelantando, dirían los hombres de mar, con su percepción agudizada por los años de experiencias vividas sobre sus embarcaciones.

En los primeros barrios donde naciera la cueca porteña, las tardes más iluminadas permiten divisar cómo las guirnaldas se contornean dominadas por la brisa, como incitando a sacar los pañuelos. Aunque, en bares como el “Liberty”, “El Rincón de Las Guitarras” o “El Cinzano“, no es necesario que el calendario esté detenido en su noveno mes, porque la cueca porteña no tiene limitantes temporales y el septiembre que los citadinos viven una vez al año, acá está presente los 365 días de éste.

En lugares como estos, donde la bohemia se vuelve fructífera para la creación, han nacido nuevos grupos, que siguen la huella de los “taitas” cuequeros. Los mismos que, desde las quintas que una o dos veces al mes abren sus puertas en los cerros, miran a sus pupilos.

Dentro de esa nueva camada de agrupaciones de cueca porteña hay una que resalta entre las otras, no sólo por el talento musical de sus integrantes, sino que también por ser el único conjunto femenino de éste tipo en Valparaíso: Las Lulú de Pancho Gancho.

Están próximas a cumplir diez años como grupo (su primera presentación fue en octubre del 2006), pero conservan la misma energía que tuvieron ese día en la peña solidaria de la Upla, donde sintieron los nervios propios del debut, pero que pasó rápidamente a medida que los aplausos comenzaron a aparecer.

“Nos dimos cuenta que a la gente le empezó a gustar lo que hacíamos. En primera instancia era para juntarnos a hacer cueca, folclor, pero nos dimos cuenta que les gustó mucho. Entonces, empezamos a tomarlo más en serio y a componer”, recuerda Lorena Huenchuñir, directora artística y acordeonista de “Las Lulú”.

Las herederas

Junto a Lorena, su hermana Judith (voy y guitarra), Natalia Piñones (voy y bajo), Liza Tiznado (voy y batería) y Gabriela Cáceres (teclado), mantienen vigente su lugar de privilegio como el único conjunto de féminas de la comuna y de los pocos de la provincia. Y, aunque la baterista y la tecladista fueron las últimas en sumarse, el fiato entre ellas fue instantáneo.

Inicialmente las cinco integrantes originales eran de la Upla, pero por cosas del destino, dos no pudieron seguir. Ahí empezó la búsqueda, que terminó con la llegada de las dos jóvenes músicos.

“Al principio pensamos que no íbamos a encontrar a alguien que fuera de nuestra onda y hasta temimos que el grupo se disolviera, pero afortunadamente, de repente aparecieron estas dos bellezas”, comenta Lorena, entre sonrisas.

A lo anterior, la cuequera agrega que fue un hallazgo exitoso porque “son excelentes y engancharon altiro con la onda, la alegría, la responsabilidad y todo”.

Con la formación definitiva, comenzó la itinerancia por distintos escenarios de Valparaíso, primero, y de Chile, después. En la Ciudad Puerto, el primer local que les abrió las puertas fue “El Rincón de Las Guitarras”, relación que sigue hasta hoy.

De hecho, ese es el lugar fijo donde cada sábado se pueden escuchar los cuecas de “Las Lulú”. También se han paseado con su música en el “Liberty”, “La Quinta de Los Núñez” y “La Isla de la Fantasía”. Precisamente este último lugar es prácticamente el hogar de Lucy Briceño, la mujer emblema de la cueca porteña y de quienes estas cinco mujeres se sienten herederas.

La “Lucita” como le dicen con cariño es su referente, pero de esos en los que el divismo no existe y que prefieren la cercanía con la nueva camada de músicos, como queriendo guiarlos en sus primeros pasos, igual que una madre a sus hijos.

Lucy Briceño

Tenemos una admiración especial por la gran Lucy Briceño. Ella es nuestra mentora, porque es la única mujer que queda ahora de la antigua bohemia porteña. Somos nosotras las que seguimos, ella misma dice que somos como las princesas.

El respeto de las porteñas por el legado de Lucy Briceño es incuestionable y se alimenta con cada momento que coinciden en distintos escenarios. Algo parecido sucede con los otros emblemas de la cueca porteña, los “taitas”, como son conocidos en el ambiente cuequero.

A ellos, comenta Judith Huenchuñir, los conocemos a todos y son un amor de persona. Nos sentimos favorecidas con eso, porque ellos nos han brindado un apoyo que ha sido incondicional. Nos han dado consejos y hasta entregado cuecas para que nosotros las cantemos. Es una relación muy linda”.

10 años

La cueca porteña sigue vigente y en Valparaíso su encanto se respira todos los días del año en los bares emblemáticos y también esos rincones secretos que sólo unos pocos privilegiados conocen. En ese círculo han aparecido nuevos exponentes que, al igual que “Las Lulú de Pancho Gancho”, conservan una relación cercana con los viejos estandartes cuequeros.

Las cinco porteñas, con su década de vida, están en ese punto intermedio a modo de puente entre ambas generaciones y -también- como continuadoras de las intérpretes femeninas del género. En ese afán hoy están, compartiendo también su música en otros puntos del país, como lo hicieron hace poco en la Cumbre Guachaca de Los Ángeles.

Octubre es su mes de aniversario y no quieren dejarlo pasar así como así. Para que eso no pase, ya planifican una celebración a lo grande y -como tal- esperan que sea en el escenario con más historia artística en la Ciudad Puerto: “El evento lo vamos a hacer en octubre o los primeros días de noviembre, eso lo estamos viendo. Estamos haciendo las gestiones, y ojalá podamos hacerlo, en el Teatro Municipal de Valparaíso. Así podemos invitar a los “taitas”, los jóvenes y también cuequeros de otros lugares de Chile. Sería un sueño”, finaliza Lorena Huenchuñir.

Con la convicción de que la cueca tiene para rato, estas jóvenes porteñas siguen con su agitado viernes: el ensayo habitual y , al día siguiente, el reencuentro con el local que las recibe cada fin de semana; su rincón ganado, “El Rincón de Las Guitarras”.